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sábado, 11 de mayo de 2013

DIÁLOGO CON EL ENFERMO, LECTURA DE LO QUE NO SE DICE VERBALMENTE, “EL ARTE DE LA ESCUCHA”



El diálogo de lo que no se dice…

Una escena común en nuestra sociedad: un hombre llega a casa y ve  a su mujer algo extraña y le pregunta ¿Qué te ocurre? Ella responde: ¡Nada! Él se conforma con esta respuesta y se va, le basta decir a su hijo: ¡Tu mamá anda rara! Y el esposo se va. Muchas veces ocurre, ambivalentemente este hecho en particular, donde no se ha hecho un lenguaje de lo no verbal, es decir, el tono de la respuesta de la mujer, la mirada, el tipo de ropa que utiliza, etc., en realidad no es que “no le ocurra nada”, al contrario, con su indisposición, le manifiesta su sentir a su esposo, pero él no ha podido detectar estos indicadores.
Hay elementos que nos impiden escuchar a los demás, como lo es la “falta de disponibilidad hacia el otro”, debido a la falta de tiempo, el activismo que no deja lugar a la perceptividad y una mala concepción de la escucha, que no es solo, dejarlos hablar para que “nos escuchen”, sino que escuchar es dejarse confrontar por la diferencia, así lo manifestó de buen grado K.Rogers en las terapias de relación de ayuda; en la línea “no direccional”, ya que los enfermos “son personas” en el sentido más pleno de la palabra, no hay que pensar que el enfermo no sabe lo que tiene que hacer, ni menos aún creer que el paciente debe, obligadamente escucharnos por que nosotros si sabemos y él o ella no sabe ni donde se encuentra. Otro Elemento es “no poner una buena distancia con el enfermo en la relación de ayuda”, no podemos ayudar si perdemos objetividad, es decir, debemos saber y asumir nuestros propios límites como ayudadores. Un libro que nos puede dar luces al respecto es “El sanador herido de Henry Nowen”.
Es esencial poder “ensanchar nuestro dial de escucha”. En esta línea, S. Freud refiere sobre la “atención flotante”, donde no nos quedamos observando solo los hechos casuísticos, sino que, contemplamos la escena completa, respecto al hecho de que también, quienes trabajamos con enfermos, nos sentimos afectados con  sus dolencias tanto físicas, espirituales o psíquicas en mayor o menor grado, “No somos superhéroes”. Así podemos vencer la gran tentación de escuchar lo que solo queremos oír del enfermo.
La escucha es un “arte” es “Dignificar al otro”, el que sufre encuentra en el que escucha “un sitio de descanso”, es manifestación de respeto y de amor, a ejemplo de Jesús que escuchaba a los que a él acudían buscando paz.
Dentro de las destrezas y actitudes para la relación de ayuda con el enfermo, la “aceptación incondicional” o dicho de otro modo, el no querer imponer coactivamente nuestro punto de vista respecto al padecer del enfermo es un pilar esencial para poder ayudar de manera real y no solo “ir a predicarles a los enfermos”; ellos, muchas veces, lo que más necesitan es que les escuchemos, no buscando darles esas “respuestas hechas o frases cliché” que finalmente, no ayudan al enfermo, sino que tranquilizan nuestra conciencia, pero poco o nada le ayudan al que sufre. También el “modo” en el trato es irreemplazable, las técnicas de desarrollo de respuesta empática, no para que nos sientan como un payaso, sino, desde la línea terapéutica, particularmente, la logoterapia, que encuentra en Víctor Frankl a su gran expositor, nos da criterios para no “caricaturizar” la empatia como simpatía o bien, ocultar nuestra falta de entrenamiento en nuestras propias habilidades blandas, específicamente, nuestro desarrollo de la afectividad, no como debilidad, sino como nuestra gran riqueza.
Paz y bien en el Señor a ustedes y familia…




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