Scroller

sábado, 3 de marzo de 2012


El examen de Conciencia:

Estimados hermanos y hermanas, paz y bien en el Señor.

Seguimos en la línea del tema antes referido, la confesión. Por ello, una ayuda para que revisemos en este tiempo de cuaresma nuestra conciencia...

La confesión me invita a hacer una nueva alianza con Dios, haciéndome sentir que soy un hijo (una hija) suyo muy querido.
Por ello, "Padre bueno, agradezco tu invitación a encontrarme contigo y recibir tu perdón; te agradezco que me trates como a la oveja perdida, y que hagas fiesta por mí; te doy las gracias, porque me haces descubrir que si miro a los demás como a hijos tuyos, mi vida tendrá mucho valor y será fecunda. Esto es lo que tu Hijo Jesús nos ha enseñado”.

- Yo quisiera participar activamente en la Iglesia: vencer mi flojera y mi timidez, para que no le falten al Señor colaboradores suyos que construyan, junto con Él, un mundo en que todos puedan reconocerse y ser tratados como “hijos de Dios”.

- Me gustaría poner toda mi confianza en que Dios es un papá cariñoso, y por lo tanto, reconocer que regirme por el horóscopo, por los adivinos, o participando en sesiones de espiritismo, es una falta de confianza en mi Padre del Cielo.

- Mi Padre del Cielo quiere a todos sus hijos e hijas. Pero tiene “sus regalones”:
los que no son tomados en cuenta por los demás, los más débiles, los que no tienen fuerza para hacer oír su voz, los que no tienen méritos que presentarle al Señor. Jesús nos dice que hay tres categorías de personas que son los ciudadanos privilegiados en el Reino de Dios: los niños, los pobres y los pecadores (evidentemente no se refiere a los niños mal criados y egoístas, sino a los que no tienen posibilidades en su futuro). ¿Me reconozco en alguna de esas categorías?
¿Trato a esas personas como lo quiere el Señor?

En relación a mí mismo:
- Si quiero ser coherente, debo apuntar a comportarme siempre como hijo o hija de Dios. Por tanto debo ser sincero, solidario, honesto, prudente, respetuoso, sano, y esto conmigo mismo y con los demás.
- Me dice que mi casa está junto a Él: allí me tiene preparado un lugar.
- Me muestra que tengo un lugar en la comunidad cristiana: allí encontraré a mis hermanos y hermanas, que me ayudarán a percibir que el Señor está con nosotros cada vez que nos reunimos en su nombre.
- Me recuerda que, como hijo o hija suyo, estoy llamado a hacer las mismas obras que Jesús,“quien pasó haciendo el bien y curando a todos de la opresión del diablo” (Hechos de los Apóstoles 10/38).
- ¿Qué regalos me ha hecho Dios?
- ¿Qué alegrías he experimentado?
- ¿Cómo me ha demostrado su amor, su misericordia?
- ¿Qué talentos o tareas me ha encomendado el Señor?
- ¿Qué me ha querido decir a través de las alegrías o dificultades que he
experimentado?

Confronto mi vida con el amor de Dios y reviso mi relación con Él, con el prójimo, con las cosas y conmigo mismo a la luz de la Sagrada Escritura
- Yo deseo tener mucho cariño por el Señor. Me gustaría colaborar con él en todas las tareas que él quiere realizar para que el mundo sea mejor: una casa y una mesa para todos.
- Me gustaría expresarle mi cariño al Señor, tratando a los demás como Él los trata.

Que tengan una hermosa semana...

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